June 12, 2009

Fuga.

El maneja un tanto distraido y alarmado. No sabía exactamente el por qué se sentía así. Su frente se empezaba a llenar de diminutas gotas de sudor. La respiración haciéndose más rápida y entrecortada. Las manos del hombre aprietan con tanta fuerza el volante, que el dolor hace su aparición. El velocímetro comienza a subir. Las lucies lo ciegan por instantes. Algo viene, algo detrás de él. Por su garganta apretada se asoma un llanto. Un grito lo ahoga. Todo dentro de su cabeza empieza a estallar. No ha parado de gritar. Cada vez va más veloz. De pronto todo es silencio y luz blanca: estéril y fría.


Una mujer se le acerca y acaricia su frente, se agacha hasta el oído del hombre y le murmura algo. Luego se sienta en una silla al lado de la cama. Es una mujer de belleza común que mira sórdidamente al hombre, mientras él tiene sus ojos fijos en el techo que al igual que su mente está en blanco. Sólo queda el repiqueteo distante y el recuerdo de unas palabras: "He llegado".

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