Eres el peso que se clava en mi espalda,
el amargo del café,
la puerta que da a un muro.
Me escabullo y pienso que ya no estas ahí,
abro los ojos y veo pasar tu espectro,
atraviesas mis muros, mis mesas y sillas,
mis ventanas con cortinas.
Eres la costra que me arranco día tras día,
la baba derramada en la almohada,
la nimia luz que me obliga a despertar.